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MARY READ

La vida al límite de Mary Read, una mujer pirata.

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MARY READ

La vida al límite de Mary Read, una mujer pirata.

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Mary Read, pirata del Caribe

Tal día como hoy, hace 301 años, murió en prisión de unas fuertes fiebres Mary Read, mujer pirata de singular bravura y valentía. Mary Read había sido condenada a muerte junto al célebre capitán Rackam, Anne Bonny y otros miembros de su tripulación, por un tribunal de Jamaica. La ejecución había sido de hecho pospuesta por estar Mary Read embarazada, y es posible que hubiese conseguido el perdón final de no haber muerto antes.

PRIMEROS GOLPES

La vida de Mary Read fue corta, pero no podría haber estado más llena de vicisitudes. Nació en Londres y fue criada como un niño, según relata Defoe en su Historia general de los piratas, por una argucia de su madre. La madre de Mary Read enviudó con un hijo de apenas un año, así que al quedarse embarazada de otro hombre, se marchó al campo para evitar ser repudiada por la familia de su marido. Su hijo murió al poco tiempo de trasladarse y entonces nació Mary, que fue vestida y criada como un niño para que, al volver a Londres, la madre del fallecido marido la tomase por su nieto y le diese una manutención. El engaño se mantuvo más allá de la muerte de su abuela, y Mary comenzó a trabajar como paje para una dama francesa.

Mary se hizo pasar por hombre la mayor parte de su vida

Su espíritu aventurero la llevo a alistarse en un buque de guerra y después en un regimiento de infantería con el que luchó en Flandes. Acumuló muchos méritos en batalla, y si no recibió reconocimientos, fue porque los ascensos se compraban. Se enamoró de un compañero soldado y con astucia le hizo ver que era en realidad una mujer. Se casaron y abrieron una hostería cerca del castillo de Breda, Las tres herraduras, a la que iban con frecuencia los oficiales del ejército. El marido murió poco después y, acuciada por la necesidad, Mary volvió a vestirse de hombre y se embarcó para las Indias Occidentales.

LA PIRATERÍA

Su barco fue asaltado por los piratas, y su capitán, Jack Rackam (John de nacimiento), la tomó para su tripulación. Así se introdujo Read en el negocio del corso, y aunque aseguraba que no disfrutaba de esa vida, nadie era más fiero en batalla. Se benefició del perdón real a todos los piratas en Nueva Providencia, pero no tardó en volver a ejercer la piratería junto a sus compañeros.

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Las temibles piratas Anne Bonny y Mary Read

Mary mantuvo en secreto su sexo y, sólo cuando Anne Bonny quiso seducirla, reveló la verdad tanto a ella como a su amante, Rackam. Read no quiso participar en ese triángulo amoroso, pero encontraría el amor de nuevo en alta mar. Cuenta Philip Gosse en su interesantísimo Quién es quién en la piratería, que durante uno de los abordajes apresaron a un “joven sujeto de atractivas maneras”. Parece ser que Mary se enamoró apasionadamente de él, tanto que incluso se jugó la vida para salvarlo.

Ocurrió que este hombre tuvo un conflicto con uno de los piratas, y sólo se podía resolver mediante duelo una vez llegasen a tierra. Mary temía que su amante perdiese, así que decidió desafiar ella misma al pirata en otro duelo a muerte, que por supuesto ganó. Beard prometió entonces a su enamorado que dejaría la piratería y apalabraron el matrimonio una vez llegasen a tierra. Sin embargo, como ya avanzamos al principio, esta historia no tuvo final feliz. 

EL JUICIO

La tripulación de Rackam fue apresada antes de desembarcar y llevada ante un tribunal en Santiago de la Vega. Mary estaba ya encinta, si bien nunca quiso desvelar el nombre del padre, pues según ella no quería perjudicar a un hombre honrado que nada tenía que ver con la piratería. Alegó su embarazo como motivo para el indulto (Anne Bonny hizo lo mismo) pero sólo consiguió retrasar una ejecución que, finalmente, no tuvo lugar.

Valerosa y llena de coraje, brava como nadie, feroz en el combate y dispuesta a morir por amor, Read vivió intensamente y siempre sin miedo. Llegó a decirle a Rackam que no temía la horca, y que de hecho le estaba agradecida, pues disuadía a los cobardes de hacerse piratas. Si esto sucediese, decía, se arruinarían los mares y le quitarían el pan a los verdaderamente valientes. Fue precisamente este testimonio el que certificó la condena por piratería y la pena de muerte.

Por su valentía y espíritu indomable, hemos escogido a Mary Read para nuestra nueva bolsa ilustrada. Y la representamos leyendo, haciendo honor a su apellido, porque eso es lo que más nos gusta de estos truhanes: la capacidad evocadora de sus relatos. Libertalia, nombre que tomamos prestado de la utopía pirata, es como denominamos en Landra a ese lugar de fantasía donde todas las aventuras son posibles, un espacio donde los apasionados de la ficción nos reunimos para disfrutar de lo que más nos gusta: las buenas historias.  

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